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| Ambientación: La Historia |

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| Ambientación: La Historia |

Mensaje por Gran Águila el Dom Mayo 29, 2016 10:43 am


Historia
Nevada 0. Kiel Dutsen, Mhor-Ven.

"Nos despertamos gracias a los rayos del astro Sol quien, sin pedir perdón ni permiso, calentaba con delicadeza nuestros rostros. La cabeza me daba vueltas, e imagino que todos nos encontrábamos de igual forma. Tornaba las orejas de un lado a otro, intentando poner en funcionamiento al menos otro de los sentidos que no fuese simplemente el tacto. Sí, aceptaba afablemente la dulce brisa que alborotaba mi pelaje y el césped cosquilleándome la nariz le daba una tonalidad graciosa a tan extraña situación.

Así fue cómo lentamente, los seis abrimos los ojos al mundo que llegaríamos a adorar como si de nuestro propio cuerpo se tratara. Frente mío, me encontré con cinco extraños. Mis instintos vociferaban me largase inmediatamente de allí, pero una voz en mi cabeza indicaba que quedase tranquila, pues no debía temer. Al observar los orbes de diferentes tamaños y colores en los demás, y analizarlos, entendí inmediatamente que podía confiar ciegamente en ellos.

Buscando romper tan delicada quietud, me alcé primero con mis cuartos traseros, luego los delanteros, para finalizar con un estiramiento que terminó de acomodar mi acalambrada columna vertebral. Incitados, los demás imitaron mis movimientos, a su manera. Los siguientes minutos transcurrieron en silencio, en el que nos sentimos despertar de un sueño profundo. Había algo..familiar, en todo aquello; en las rocas, en los árboles, en el césped bajo mis pezuñas. Pero aún así, no recordaba nada.

— "Hermoso..." —murmuro, pues era cierto. Estaba maravillada. Una gran montaña se cernía delante de nosotros. A todo nuestro rededor, cientos de árboles nos cubrían con sus dulces hojas. A lo lejos, se podía escuchar el susurro del movimiento ondulatorio de las olas. Estaba en paz.

Me toma de sorpresa el golpe seco provocado por un par de ancas al colocarse en el suelo, sentando el resto de un enorme pelaje blanco. La osa parecía estar en mi misma situación.

— "Sabes, pequeña. Siento como si ya hubiese estado aquí antes." —dice, mientras pasa una enorme zarpa por su mejilla, pensativa. Volteándose, se dirige a los demás animales presentes. — "¿Alguien recuerda algo de antes de despertar?"

Al parecer, no era la única que se sentía cómoda. Dirigirse a tantos extraños como si se conocieran de por vida no era natural.

— "Nada en absoluto. ¡Y ya me está comenzando a molestar." —relincha el equino. No puedo evitar sonreír ante los ademanes exagerados de sus patas, pues fiel a su especie, iba y venía, como buscando alisar el suelo bajo sus cascos.

— "Pues si pretendes atravesar el territorio con tanto ruido, sigue así y lo conseguirás." —suspira el felino blanco manchado, revoleando sus expectaculares orbes azules. Acercándose a la primer roca que da inicio a una escalada, salta limpiamente a ella. Extrañado, voltea a observar que nadie lo seguía.— "Esperan una invitación formal?" —cuando nadie le responde, suspira.— "Vamos, no me digan que soy el único que siente debe llegar a la cima para buscar la respuesta a esa pregunta. Si seguimos aquí parados, tardaremos hasta la siguiente Nevada para llegar."

— "No se si lo has notado" —contesta inmediatamente el blanquecino del dúo de lobos que hasta ahora simplemente se habían dedicado a observar. Su hocico estaba arrugado, y yo no entendía el por qué. Hasta que continuó.— "Pero no todos estamos capacitados como tú a subir laderas tan pronunciadas como éstas."

— "Es cierto." —acompañó la negra, apoyándose contra quien supuse era su hermano, pues eran idénticos en todo aspecto, excepto el color de su pelaje— "A menos que encuentres un camino que rodee la montaña, no nos moveremos de aquí. Quiero conservarme intacta, muchas gracias."

— "Como gusten." —sentencia engreído el gran gato, saltando hacia la roca próxima.

— "Vamos, felino tonto. Baja de ahí y ayúdanos a resolver éste asunto" — La enorme osa polar ya estaba a punto de colocar sus zarpas alrededor del esponjoso rabo del felino, cuando un sonido la detiene en seco.

Lo siguiente que ocurrió inmediatamente jamás olvidaré.

Una especie de chillido aterrador resonó por todo el valle, provocando que las orejas de todos los presentes se pegaran a nuestros cráneos. De inmediato, hasta incluso el gato bajó de su querida roca y colocó en el círculo protector que armamos, fijando la vista en todas direcciones.

— "¡Allí!" —Grita (un tanto aterrado) el equino, alzando la cabeza hacia un punto en el cielo.

Aún recuerdo la sensación helada en cada fibra de mi cuerpo. Esas alas, esas garras, ¡ese tamaño!. Jamás había visto un águila tan ENORME y siniestra como aquella. Se acercaba a nosotros rápidamente. Peligrosamente rápido. Sabíamos que no podíamos escapar.

Cada vez más próxima.

"Éste es el fin" pensé.

Cerramos nuestros ojos, listos para aceptar nuestro destino.

Un nuevo chillido, consumiéndonos por completo. Un choque atronador. ¿Había aterrizado? Pero...debería haber vibrado el suelo, ¿verdad?

Una batalla que no duró más de cinco segundos sucedio frente a nosotros sin que nadie se enterase.

Luego, el silencio.



"Ya pueden abrir los ojos, jóvenes mamíferos. Están a salvo."

La osa, confiada, fue la primera en hacerlo. Cuando habló, hasta pude notar la risa y alegría en su rugido.

— "¡Se ha ido! Pensaba que seríamos carroña de ave."

— "Así es, pequeña Sila. Lamento mucho no haber estado aquí antes para evitarles el susto que ese cerebro de lombriz pueda haber provocado."

Para entonces, fui la última en reaccionar. Al fijar mis orbes en el frente, me encontré con una peculiar y extravagante imagen: una bestia emplumada, enorme de proporciones, con garras capaces de destrozarnos inmediatamente. Blanca y amarronada, poseía un curioso plumaje en pico tras su cabeza. Lo más curioso de ella, era su presencia. No inspiraba temor alguno. Es más, tenía que resistir la terrible tentación de trotar bajo sus alas y quedarme allí como una cervatilla recién nacida.

Parecía haberme estado esperando, pues cuando mis ojos se encontraron con los suyos, inició su discurso, sin darnos realmente tiempo a invadirle con preguntas.

— "Sean todos bienvenidos a Mhor-Ven. Ustedes no lo recuerdan, pero desde tiempos antigüos, éste territorio se encontraba invadido por feroces criaturas, conocidos como 'Los Corruptos Bípedos'. Destruían todo a su paso, nos asesinaban sin control alguno. Ésto que ven" —señala con el pico hacia la montaña y luego el hermoso paisaje alrededor— "solía ser una reserva contaminada con su pestilencia. Pero la Gran Sabia se cansó de sus andanzas. Terminó con su presencia tras un cataclismo, terrible para ellos, hundiendo sus nidos y madrigueras hasta el fin del Centro. O al menos es lo que ella me ha dicho."

Era demasiada información para todos nosotros, pero aunque jamás pudimos comprenderlo, imágenes de lo sucedido, de las creaturas de dos patas, de la catástrofe, pasaban velozmente por nuestras cabezas.

— "Ahora es su turno, pequeños. Les han dado una nueva oportunidad de llevar la vida en armonía. Ustedes son los primeros de su especie. Me inclino ante ustedes, Grandes Espíritus." —haciendo honor a su palabra, extiende sus alas y la enorme bola emplumada se inclina ante nosotros, estupefactos. — "Guíen a los suyos. Sabrán qué hacer, confíen en sus instintos. Y si alguna vez se encuentran perdidos, búsquenme. Soy vuestra fiel servidora."

— "Un momento." —Uf...cállate, tonto gato.— "Si eres nuestra servidora, y nos pasas en tamaño y conocimiento...¿Por qué no haces tú el trabajo? Estás pidiendo demasiado de nosotros, cuando no nos enteramos de cuantas zarpas tenemos frente a nuestros hocicos."

El ave se limita a sonreír con la mirada, clavándola en el orgulloso felino.

— "Nunca cambies, Krenari. Tienes razón. Pero no es mi momento. Se me está prohibido intervenir. Y créanme cuando les digo que aunque se sientan perdidos, saben perfectamente lo que deben hacer." —con expresión crítica, eleva su pico hasta que queda alineada con el extremo de la montaña— "Ésta lugar se llama Kiel Dutsen, o Roca del Cielo. Allí arriba serán sus dominios. Una vez lleguen, encontrarán respuestas a muchas de sus preguntas. Se contactarán con sus predecesores y los guiarán así como lo estoy haciendo en éste momento."

— "¿Y como demonios pretendes que subamos?"

— "Ah...Ominiro. Eso déjamelo a mí."

¿Acaso el ave sonreía desafiante? Jamás me enteré lo que ocurrió después. Un batir de alas, un leve momento de oscuridad y ya estábamos observando el infinito territorio bajo nuestras patas.

— "¿Y a dónde se supone que fue...?" —continúa el equino, entre aterrado y emocionado.

Tenía razón. El ave no estaba en ningún lado visible. Pero la pregunta fue simple reflejo del pensamiento de aquel mamífero, pues ya no había más palabras necesarias. Di un paso adelante, observando el horizonte, dejando que nuevamente una suave brisa me relajara y acariciara. Mis cinco compañeros, al igual que en un principio, imitaron mis movimientos. Terminamos formando una fila protectora a lo largo del pico montañoso.

— "Fue a su hogar, Ominiro, dejándonos en el nuestro. Vendrá cuando sea realmente necesario. Mientras tanto, está en nuestras zarpas y pezuñas el proteger lo que se nos ha ofrecido. No podemos decepcionarlos."



La Nevada ha comenzado



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